{"id":341,"date":"2016-03-13T22:03:00","date_gmt":"2016-03-13T22:03:00","guid":{"rendered":"http:\/\/mafran.es\/un-brillo-que-no-puede-contenerse\/"},"modified":"2019-10-19T07:22:40","modified_gmt":"2019-10-19T07:22:40","slug":"un-brillo-que-no-puede-contenerse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mafran.es\/en\/un-brillo-que-no-puede-contenerse\/","title":{"rendered":"Un brillo que no puede contenerse"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En la historia de la ciencia hay pocas mujeres que brillen con luz propia. Nuestra civilizaci\u00f3n prefiri\u00f3 abandonar \u00a0a la mitad de su capacidad por religi\u00f3n, costumbre o, simplemente, miedo.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Pero afortunadamente hay excepciones. La historia de hoy comienza en un peque\u00f1o pueblo de Massachusetts, Lancaster, donde en 1868 un pastor protestante tiene un hija a la que llam\u00f3 Henrietta. Henrietta Swan Leavitt. Afortunadamente para todos nosotros, el pastor decidi\u00f3 que su hija estudiara y tras cursar la primaria ingres\u00f3 para licenciarse en el Instituto Radcliffe, una secci\u00f3n femenina de Harvard, con much\u00edsimo menos prestigio. Al fin y al cabo s\u00f3lo estudiaban mujeres.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En esa licenciatura estudi\u00f3 arte, griego cl\u00e1sico, filosof\u00eda, geometr\u00eda anal\u00edtica y c\u00e1lculo. Y en su \u00faltimo curso estudio algo de astronom\u00eda, que super\u00f3 con notable. Era el a\u00f1o 1892 y Henrietta hab\u00eda conseguido licenciarse con 24 a\u00f1os. No era ninguna lumbrera, pero, desde luego no era nada tonta.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, tras acabar los estudios, dedic\u00f3 un tiempo a viajar, en el que cogi\u00f3 una enfermedad que le atac\u00f3 al o\u00eddo, quedando sorda total.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">As\u00ed que tenemos a Henrietta, una mujer ya de 25 a\u00f1os, sin un brillante expediente acad\u00e9mico, sin experiencia acad\u00e9mica y sorda. Dif\u00edcil futuro para ella. Pero, consigui\u00f3 entrar como ayudante en un laboratorio donde una serie de mujeres trabajaban como lo que ahora ser\u00edan becarias para el profesor Edward Pickering, uno de los principales astr\u00f3nomos de la \u00e9poca y director del observatorio de Harvard. Gratis, eso s\u00ed. Ella era una m\u00e1s de aquellas chicas, a las que llamaban \u00abcomputadoras\u00bb, pues su \u00fanico trabajo, d\u00eda tras d\u00eda, era clasificar miles de fotograf\u00edas espectrales de estrellas. A pesar del poco prestigio, era un grupo muy profesional. Idearon una clasificaci\u00f3n en funci\u00f3n del espectro y del brillo y clasificaron cientos de miles de estrellas. Esa clasificaci\u00f3n sigue us\u00e1ndose hoy en d\u00eda.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En ese trabajo, Henrietta estaba bastante valorada, pero siempre como ayudante, nada m\u00e1s. Pickering le asign\u00f3 el trabajo de analizar las estrellas variables cuya luminosidad var\u00eda con el tiempo, y le asign\u00f3 un sueldecito. Leavitt analiz\u00f3 una a una 1777 estrellas y en particular las Cefeidas. Recib\u00eda un salario de risa: treinta centavos la hora. Pero ella era tenaz y meticulosa, se dedic\u00f3 durante a\u00f1os a hacer su trabajo. Le jefa de las \u00abcomputadoras\u00bb la defini\u00f3 como \u00abla mente m\u00e1s brillante del laboratorio\u00bb. Y, claro, destac\u00f3.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de mucho an\u00e1lisis se dio cuenta que el periodo de las Cefeidas variaba de forma distinta en funci\u00f3n del brillo, y consigui\u00f3 determinar la relaci\u00f3n entre el brillo y el periodo. Realiz\u00f3 un trabajo que lo describ\u00eda y se lo entreg\u00f3 al profesor Pickering. Pero Henrietta era una becaria, mujer y sorda. Obviamente, no fue considerado. Sin embargo, a\u00f1os despu\u00e9s, en 1912, el profesor se dio cuenta que estaba en lo cierto y tuvo las agallas de los sabios: public\u00f3 el estudio \u00abPeriodo de 25 estrellas variables en la peque\u00f1a nube de Magallanes\u00bb firmado por \u00e9l mismo (para asegurarse que fuera publicado) e incluy\u00f3 una frase inicial: \u00abEl siguiente estudio ha sido preparado por la Srta Leavitt\u00bb, reconociendo de este modo, y para siempre, la val\u00eda de su ayudante.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Esta relaci\u00f3n entre el brillo y el periodo ha sido posteriormente vital para la astronom\u00eda porque ha servido para conseguir medir el espacio. Determinar el brillo de una estrella permite, sabiendo con la intensidad que llega a verse, conocer su distancia. Y Henrietta hab\u00eda conseguido conocer el brillo de forma indirecta, a trav\u00e9s del periodo de la estrella, lo que daba una opci\u00f3n a medir. El cielo estaba mucho m\u00e1s cerca desde ese d\u00eda.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Sus avances fueron muy utilizados por los profesores de Harvard, en especial el profesor Hubble (que dio nombre al telescopio espacial), que, gracias a las reglas definidas por Henrietta y a las variaciones espectrales, determin\u00f3 que la mancha de la constelaci\u00f3n de Andr\u00f3meda no era una nube, sino, una gran y lejana Galaxia, a la que le dio el mismo nombre, Andr\u00f3meda y, de paso, descubri\u00f3 que el Universo no se acababa en la V\u00eda L\u00e1ctea. Hab\u00eda galaxias m\u00e1s all\u00e1.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Henrietta sigui\u00f3 toda su vida como ayudante, y falleci\u00f3 relativamente joven, en 1921, de c\u00e1ncer. En su testamento dej\u00f3 todo lo que ten\u00eda: 11 objetos que sumaban un valor de 392 d\u00f3lares. Pura humildad para la mujer que hab\u00eda conseguido averiguar c\u00f3mo medir el Universo.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Quiere el capricho de la historia que tres a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte se enviara una carta desde Suecia para proponerla para el Nobel, por su descubrimiento, aunque como el Nobel no puede otorgarse a personas fallecidas, nunca fue propuesta. Pero al menos dej\u00f3 constancia que hay personas que aunque sean humildes, por voluntad y porque las circunstancias se lo imponen, tienen tanto brillo que no pueden evitar destacar. Y ese brillo, como el que sirvi\u00f3 a Henrietta para medir el espacio, no puede contenerse.<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la historia de la ciencia hay pocas mujeres que brillen con luz propia. Nuestra civilizaci\u00f3n prefiri\u00f3 abandonar \u00a0a la mitad de su capacidad por religi\u00f3n, costumbre o, simplemente, miedo. 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