{"id":346,"date":"2016-02-07T23:05:00","date_gmt":"2016-02-07T23:05:00","guid":{"rendered":"http:\/\/mafran.es\/el-poder-de-los-libros\/"},"modified":"2019-10-19T07:26:08","modified_gmt":"2019-10-19T07:26:08","slug":"el-poder-de-los-libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mafran.es\/en\/el-poder-de-los-libros\/","title":{"rendered":"El poder de los libros"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">La entrada de hoy, es sin lugar a dudas, un cuento de hadas. Un cuento de hadas que culmin\u00f3 en una unidad de medida que incluso lleg\u00f3 a formar parte de una canci\u00f3n algo surrealista de primeros de los ochenta, el Faradio.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Esa unidad deriva de un apellido, Faraday, y de un hombre, Michael Faraday, uno de los cient\u00edficos m\u00e1s reconocidos del siglo XIX, y toda una leyenda de la Royal Society de Londres, pero que tuvo que pelear cada momento de su vida como cient\u00edfico.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Faraday naci\u00f3 en Newington, en el sur de Londres, en una familia muy humilde. Casi pobre. Desde muy peque\u00f1o, la educaci\u00f3n fue algo secundaria, hab\u00eda que trabajar, primero como repartidor de peri\u00f3dicos, pero con 14 a\u00f1os, tuvo la fortuna de entrar a trabajar como aprendiz de encuadernador de libros.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Eso le daba una ventaja importante, ten\u00eda acceso a la lectura y Michael, que ten\u00eda una mente muy inquieta, se beb\u00eda los libros. Uno tras otro los libros pasaban por sus manos, especialmente los libros cient\u00edficos.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En 1812, con 20 a\u00f1os, comenz\u00f3 a asistir a conferencias de la Royal Society. Iba invitado por un amigo, al gallinero, pero apuntaba con devoci\u00f3n lo que se dec\u00eda en las conferencias, en especial las de Humphry Davy, uno de los principales cient\u00edficos de la \u00e9poca. Al cabo de un tiempo, Faraday, decidi\u00f3 jug\u00e1rsela. Ten\u00eda muchas notas y ten\u00eda acceso a encuadernaci\u00f3n. \u00bfPodr\u00eda funcionar? Decidi\u00f3 agrupar todas sus notas, encuadernarlas y envi\u00e1rselas a Davy, junto con una petici\u00f3n: quer\u00eda aprender a su lado.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Davy se sorprendi\u00f3 con el presente. Nadie se hab\u00eda molestado tanto en aprender, y por supuesto nadie se lo hab\u00eda demostrado con tantas ganas. Al poco, el destino quiso que uno de los aprendices de Davy fuera despedido y se acord\u00f3 de aquel joven que decidi\u00f3 cambiar su vida con un libro manuscrito. Y lo contrat\u00f3. Ese d\u00eda, Faraday entr\u00f3 en la Royal Society como aprendiz. Ya nunca saldr\u00eda. Ten\u00eda s\u00f3lo 21 a\u00f1os. Era 1813.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En los primeros a\u00f1os, era un apestado por su origen humilde. Nadie lo quer\u00eda y se ve\u00eda obligado a realizar tareas de sirviente, porque no era un caballero. Londres, no era el centro de la igualdad de clases, precisamente. Pero Faraday resisti\u00f3, la ciencia lo merec\u00eda.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En la Royal Society realiz\u00f3 un trabajo excelente y pronto destac\u00f3. Era muy tenaz y realiz\u00f3 trabajos en principio respecto al cloro y a la expansi\u00f3n de gases, pero pronto pas\u00f3 a trabajar sobre los campos magn\u00e9ticos, consiguiendo demostrar que era posible convertir el campo magn\u00e9tico en movimiento, creando un rudimentar\u00edsimo motor el\u00e9ctrico, pero que es el primer escal\u00f3n de lo que hoy entendemos como el futuro. Descubri\u00f3 las l\u00edneas de campo magn\u00e9tico y c\u00f3mo se propagaba en el espacio. No ten\u00eda prejuicios y la mente abierta le permit\u00eda ver cosas que otros no pensaban.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Davy cogi\u00f3 celos de \u00e9l, y, para fastidiarlo, lo quit\u00f3 del estudio del electromagnetismo y lo puso a trabajar en creaci\u00f3n de cristales, para intentar conseguir la f\u00f3rmula ya creada en Baviera, pero no tuvo suerte. La historia, siempre juguetona quiso que no fuera un trabajo en vano: a\u00f1os m\u00e1s tarde un trozo de cristal fallido le permiti\u00f3 demostrar que la luz puede polarizarse. La base para muchas aplicaciones posteriores.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Faraday dej\u00f3 mucho para la posteridad: inventos como la Jaula de Faraday (entorno met\u00e1lico cerrado que est\u00e1 hecho de una forma que hace que no haya campos magn\u00e9ticos dentro) o ciertas leyes electromagn\u00e9ticas (las Leyes de Faraday) o unos principios de comportamiento cient\u00edfico que todo estudiante deber\u00eda seguir. Pero lo que m\u00e1s me gusta de lo que dej\u00f3 para la posteridad es la conferencia de Navidad. Faraday, recordando su origen humilde, decidi\u00f3 en 1825 hacer una conferencia de Navidad gratuita para acercar la ciencia a los j\u00f3venes. Un gesto altruista, que la Royal Society asumi\u00f3 como suyo, por el que han pasado aut\u00e9nticos genios y que perdura hasta la actualidad.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Fue muy reconocido, pero siempre renunci\u00f3 al ning\u00fan nombramiento. Consideraba que era un gesto vanidoso que s\u00f3lo le perjudicar\u00eda. Siempre quiso ser simplemente Mr. Faraday. Sin embargo, el mundo es cruel y ya mayor sufri\u00f3 por su escasa formaci\u00f3n. Se reclamaba una argumentaci\u00f3n matem\u00e1tica de sus descubrimientos y \u00e9l, pues no pod\u00eda hacerlo, simplemente. Sus descubrimientos estaban en entredicho, hasta que un joven matem\u00e1tico, llamado Maxwell le devolvi\u00f3 el favor que \u00e9l le hizo a Davy: un d\u00eda le lleg\u00f3 un libro con el planteamiento matem\u00e1tico de sus descubrimientos. El c\u00edrculo se cerr\u00f3 y Faraday demostr\u00f3 que estaba en lo cierto. Nadie m\u00e1s lo discuti\u00f3 nunca.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Muri\u00f3 mayor para la \u00e9poca y renunci\u00f3 a ser enterrado en la Abad\u00eda de Westminster, aunque existe una placa en su honor en ella, porque sin duda era un genio humilde. De los mayores de la historia. Y que pudo aparecer en escena gracias a los libros, aunque en esta ocasi\u00f3n no s\u00f3lo por leerlos.<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La entrada de hoy, es sin lugar a dudas, un cuento de hadas. Un cuento de hadas que culmin\u00f3 en una unidad de medida que incluso lleg\u00f3 a formar parte de una canci\u00f3n algo surrealista de primeros de los ochenta, el Faradio. 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